Uno se alegra de ser útil - El producto Yo

Escuela
Me enseñaron a odiar a la lectura (a base de libros inapropiados para mi edad).
Caminando en contra, con el tiempo logré llegar a la escala de consumidor de libros, faceta difícil de alcanzar en una mayoría no practicante, pero no a la de productor (el blog es lo que conseguí).
Consumo conocimientos decididos por otros e irrisoria es mi producción de los mismos para otros.
El producto Yo debe pasar los controles de calidad pertinentes pasando el proceso de selección.

Política
Me enseñaron a odiar a la política (a base de ver la política que hacen los grupos políticos).
Caminando en contra, con el tiempo logré llegar a la escala de persona cívica que cree haber aprendido la base por la cual la política que se practica no es la adecuada por ser representativa y no participativa.
De nuevo consumo política, no produzco política.
El producto Yo debe practicar su derecho al voto para aceptar con sumisión la política que administran los grupos políticos.

Economía
Me enseñaron a odiar a la economía como si de una droga se tratase y tuviéramos que recibir nuestra dosis para salir del paso.
Caminando en contra, indagando por mi cuenta logré adquirir cierto conocimiento sobre fundamentos reveladores de la economía actual (Ej: Dinero es Deuda).
Consumo moneda, no produzco moneda.
El producto Yo debe aceptar su papel dado en el limitado artificialmente mundo del intercambio de pertenencias gracias al intermediario manipulador por excelencia, banca basada en moneda, con ello aceptará su inviable existencia sin estar ligado directa o indirectamente a dicho sistema.

Sociedad de la información
Me enseñaron a odiar a la sociedad metiendo el miedo en el cuerpo mediante los mass-mierda y los valores competitivos administrados de múltiples vías que transformaron a mis semejantes en autómatas.
Consumo desinformación, mi producción de información válida es irrisoria.
Caminando en contra, logré plantearme las mejores vías para potenciar medios horizontales con creciente capacidad de difusión y elaborar las bases para crear dichas herramientas.
El producto Yo debe aceptar los cánones establecidos y ser conocedor de las "noticias de interés" de las "fuentes fiables" teniendo nublada la conciencia haciendo que se preocupe por cosas sin importancia trascendental y evitando su preocupación en las fundamentales mediante eufemismos y provocación de "risas por no llorar" que liberen de estrés para no permitir sublevación. El derrotismo debe instruirse en el producto de tal modo que el mismo crea ser el causante de su imposibilidad de dejar de ser un producto. (Tenemos lo que merecemos, y así nos va, no tienes trabajo porque no quieres)

Publicidad
Me enseñaron a odiar a la publicidad porque no me beneficiaba su conocimiento haciendo que optimizara y mejorara en cubrir necesidades básicas, solo intentaba manipularme, crearme necesidades, saturarme y explotarme.
Consumo publicidad, mi producción de publicidad es cuasi inexistente ya que para publicitar primero tengo que tener una oportunidad real de ofrecer algo y para ello existe el anteriormente mencionado régimen vertical que me obliga a competir en un mercado escasamente colaborativo.
Mi vida es mi publicidad plasmada en un papel al que llaman CV, soy pues un producto.
Caminando en contra, vislumbré un posible modelo horizontal de conocimiento optimo de obtención de recursos sin vislumbrar a la publicidad como un agente activo, sino pasivo y gestionado por todos como agentes participativos.
El producto Yo debe asimilar su papel de producto ejerciendo el pensamiento productivo explotando su papel de consumidor competitivo con otros productos.

Empresa
Me enseñaron a odiar a la empresa porque se generalizó la idea de que lo natural es ser asalariado y entrar a formar parte de un sistema vertical en el que no hay reparto equitativo de bienes y por tanto no hay valoración equitativa de la vida, tu vida vale más que los inferiores, tu vida vale menos que los superiores. Ponen precio a mi vida y yo no soy un producto, existen los derechos humanos, no los derechos del producto humano.
Caminando en contra, basé mis proyectos horizontales en la vía para lograr hacer brecha en el modelo empresarial competitivo impuesto, de fracasar en dicho intento, no quedará otro camino que seguir intentando esto mientras sobrevivo de un modo u otro.
El producto Yo debe venderse barato a las empresas privadas o públicas pues existen multitud de otros productos esperando aspirar a ser un producto tan válido como Yo.
El producto Yo y el resto de productos no podemos ni cambiar de mentalidad en cuanto a nuestra condición de productos ni tener posibilidades para crear medios horizontales que nos unan en la colaboración e independicen de la competitividad instaurada. La empresa adquiere al producto Yo barato y la empresa se muestra como producto de difícil acceso y demandante de plena satisfacción exigiendo abnegación al producto.

Deporte
Me enseñaron a odiar a el deporte porque se generalizó la idea de que gustarte el fútbol era gustarte el deporte, como a quien le gusta el cine y no es actor, un mero entretenimiento de masas que no beneficia, únicamente seda.
Caminando en contra, realicé deporte única y exclusivamente como disciplina de valores (karate) y ejercicio de compañerismo colaborativo, lo dejé por querer dedicar tiempo a otras cosas que ejercitaran mi mente y carecieran de espíritu competitivo de obtención de trofeos.
El producto Yo debe pasar el control de estado del producto óptimo según los cánones establecidos defendiendo estos con el argumento del bienestar del producto.

Cultura
Me enseñaron a odiar a la cultura porque se generalizó la idea de que en la palabra cultura todo vale y se mantienen las culturas populares (corridas de toros), la basada en el arte por el arte, que siendo bello no pasa de ser lo que cada cual logre admirar, cosa que deja vacía la creación de pensamiento crítico o inutiliza su posibilidad de llevar el pensamiento crítico a una realidad (fiesta de la artesanía, fiesta del libro).
Caminando en contra, he empezado a realizar lectura que crea pensamiento crítico y a basar el movimiento social en el cual me inmiscuí a principios de noviembre del año pasado en esta línea.
El producto Yo debe adquirir y defender la cultura promovida, consumirla y evitar compartirla, sin negocio de por medio no debe existir cultura, ¡ninguna!.

Sanidad
Me enseñaron a odiar a la sanidad (a base de conocer el planteamiento de esta como empresa en busca de beneficios por encima de la búsqueda de remedios tajantes). La enfermedad es un negocio más lucrativo que el buen estado de salud.
Caminando en contra, trato de evitar por todos los medios la facilidad de obtención de enfermedad, sabiendo que el uso de medios alternativos es limitado.
El producto Yo debe pasar los controles mínimos de calidad y ser un producto estable para su posterior consumo.

Productos
Me enseñaron a odiar a los productos (a base de suministrarme productos cada vez menos durables, de bombardearme con las necesidades de adquirir productos ensalzadores de mi ego y aspecto). Me enseñaron a ver el mundo como a un producto, a ser productor de productos que pertenecen a un tercero y de los que yo no obtengo equitativa recompensa, y lo más importante, a ser un producto humano.
Caminando en contra, trato de idear sistemas de producción-consumo en los que no se limite artificialmente este, y no se elimine el sistema distribuido.
El producto Yo se alegra de ser útil.

Me enseñaron que todo lo anterior podía sufrir reformas, que bajaba de calidad con el tiempo y que nunca vería salir el sol, que la banca siempre gana y todo el sistema cuelga de esa soga.
Mi mirada está fija en el horizonte, mi mano se agarra fuertemente el pecho sintiendo la opresión de un falso techo y el sonido del latir hace tiempo que cambió su ritmo y tono por el metálico de motor. Andando con pies de barro me arrastro, persiguiendo al fantasma de un futuro, el que se escapa a cada paso y hace tiempo quedó desdibujado.

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