No leas esto, luego no digas que no te advertí

Estoy orgulloso de mi brújula, es la que siempre utilizo para que mi afinidad me guíe hacia donde mis sueños cabalgan. Sí, se que se atasca y renquea con los miedos y heridas acumuladas, pero también es más certera, precisa y férrea en cuanto a lo auténtico que define mi naturaleza.

Es casualidad que alguien que lea esto pueda sentir lo que me apetece transmitir ahora. No escribo para los corazones crueles ni para las mentes sistémicas, mi elixir son los sueños y mi deseo es recorrer mi camino animado y enamorado de la honestidad con belleza, con diversión y colorido que ignora a la necedad en todas sus vertientes, que es un veneno tan extendido en el común de los mortales.

Carezco de ideas triunfales que liberen a este mundo, y aún así me es imposible dejar de inventar nuevas mezclas químicas de ingeniería social, como si de un alquimista de sueños a través de la realidad se tratase.

Tratar de plantar una semilla de la que crezca una flor que solo los ojos apasionados admiran, ése es un bonito deseo que merece la pena proteger, quererse a uno mismo lo suficiente como para hacerlo y no demasiado como para caer en la necedad de la vanidad.

Se nota que ando perdido ¿verdad?. La razón puede residir en la apatía de los años repletos de experiencias de desprecio infligido. Reconozco que mi brújula se ve tentada a no ser totalmente honesta con la realidad que deseo exista, y es que rodeada de impurezas que perturban las ondas magnéticas complicado se tiene ser fiel a la esencia de uno mismo, de lo que mi espíritu aclama y perpetúa.

Hubo una vez que quise perder la noción de la memoria y lo logré, me volví desmemorizado, los traumas ayudaron y el bombardeo desinformativo insulso también, en otro tiempo quise perder el sentido del tiempo, y lo logré, escondí mi esencia primigenia en un baúl que escondí de mi mismo para asegurarme de no estar tentado a abrirlo y perturbarlo o por cualquier motivo corromperlo, sentí que era mejor olvidarlo y tenerlo que transformarlo en algo que no me hiciera sentir vivo, aún así el efecto de vivir dormido que producen esta clase de pérdidas, son como anestesia para un enfermo por sentirse parte de un sistema inmunológico perdido.

Perder gran parte de la domesticación social de la que me han provisto no es tarea fácil ni mucho menos, dotarme de los salientes en la roca que hace tiempo escalo es un trabajo arduo e ingrato en el que apasionarme a escondidas. Y ensamblarlo en el engranaje de un sistema complejo benigno que está por llegar, es un plus de experiencia.

Soltar el cansancio acumulado de asimilar los desechos conceptuales, emocionales, etc, de la decadencia de una era aparentemente a cuerpo que piensa más que siente es un esfuerzo abrumador que dificilmente lo consigue, al menos es mi caso, en cambio entretejer dos corazones que laten al unísono evocando una melodía chispeante dotada de la fascinación del virtuosismo que compongan una filosofía de vida generalizada que haga del espectro que rezumamos una delicia para los sentidos y afianzamiento de la armonía, éso si es una proeza hercúlea.

Vivir para uno mismo en sueños, sentimientos, etc, es precioso compartirlo con quien valora la autenticidad de tus ingredientes, ahora bien, sentir la conexión necesaria y apreciar con tiempo suficiente las verdaderas experiencias que nos entretejen y cultivan como enamorados es como sentir que la mezcla de nuestros sueños y errores conforman una vida sin llegar a ser el espíritu que dote a un ser vivo palpable.

Algún día encontrarán la cura para la enfermedad de los sueños, para los que nos cuesta deshacernos de los dolores y avanzar hacia el condimento mágico que define la explosión de creatividad y evocación que alimenta el alma. Ése día es ahora y por eso me cuesta tantísimo avanzar cuando aparentemente carezco de impedimento. Soy la vacuna de mi mismo, siempre acobardada de asumir la soledad que ello conlleva, ahora entiendo o no, por qué la genialidad estúpida se esconde de los ojos simples y elogia las miradas seductoras del aventurero curioso y de compleja simplicidad.

Resulta que a cada palabra que deslizo aquí soy más y más consciente de que disfruto fabricando tortuosos laberintos que conducen a deducciones aisladas, como quien aísla un compuesto químico y lo expone a estudio sobre una plaquita de cristal para un microscopio hecho de escritos.

Se nota demasiado que estoy escribiendo por capricho autodiagnosticado, con la ilusión perdida de escuchar un pensamiento profundo que lance un cabo suelto y persiga una auténtica amistad, de esas que mi pecho sintió hace tiempo ya, y desaparecieron como lámina de azúcar en el paladar.

Muy sinestésico y onírico es este escrito como para sacar provecho o sentido que te haga alcanzar el nirvana o estabilice tu karma, si es que eso es concebible.
Como es habitual en mi, disfruto en demasía de los patrones lógicos que rompen los sistemas apáticos, pintándolos de colores y dotándolos de diversión, y a ojos inexpertos de extravagancia. Ése tipo de personalidad traviesa necesito practicarla, alimentarla, e incluso resucitarla tras largo tiempo aletargada y oculta tras multitud de escombros.

Revitalizarse a uno mismo, eso quiero aprender. Acostumbrado a personas de madera, quien transforma sus hábitos hacia una mayor paz progresivamente me muestra cautela e impaciencia, desconfianza en que lo esté haciendo realmente y desconcierto cuando se nota alguna evidencia. Razones no me faltan para permanecer a su lado, y tampoco para no estarlo todo el tiempo. Es cierto que mi camino y mi sueño me hinchan de capacidad, e igualmente cierto que la inestabilidad de los requerimientos de esclavitud consensuados y la constante tendencia a perderse a uno mismo hacen que sea tan fácil sentirse abrumado y dejarse perder por la tranquilidad de los cuidados sin esfuerzo.

Pues si, estas cosas me atraen, lo transgresor en profundidad, las palabras complejas usadas con sentido y no como simple relleno como esas esponjas que se usan para embalar cajas. Lo exótico, lo carente de estupidez negativa y dotado de tontunidad desternillante, la lujuria de las fantasías irrealizables que frenéticamente consumaría en un mundo vital. Digamos que mi mente se recrea fabricando el éxtasis natural de los orgasmos de los sentidos, de ahí que no necesite tomar nada para estar en este estado de percepción sensorial.

Esto es compartir cuasidirectamente una conversación con uno mismo que revive la limpieza y serenidad de la sonrisa de mis ojos verdes. Que ojalá lo disfruten ojos de brújula apasionada en busca de los mismos elixires que este espíritu anhela reconstruir.

Os lanzo un brazo, confío en que nadie lo devuelva por caduco. Am, y no, este escrito no es una broma, es un afluente de pensamiento transcrito que tendrá complicado hallar su lugar, por lo que reproduzco cómo desencajo en este lugar espacio temporal.

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